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Analfabetismo digital, la brecha de la tecnología

Hacer una introspección de la evolución en las formas en como nos relacionamos con nuestros semejantes y nuestro entorno puede ser muy beneficioso para saber a dónde queremos ir en el futuro. Una de las mejores maneras es, sin duda, adecuarnos a las tendencias tecnológicas y comprender cómo y qué proceso facilita la incorporación de una nueva herramienta o plataforma a nuestra vida cotidiana. Pero la tecnología es, sin lugar a dudas, un arma de doble filo en la sociedad actual. Aunque resulte muy normal comprender con suma facilidad nuevos software, aplicaciones o insumos digitales, lo cierto es que esto no aplica para todo el mundo. Es por eso que hoy vamos a ver cómo es posible hablar de un analfabetismo digital y como su presencia afecta la educación a largo plazo. Vamos a hilar primero qué implica ser un analfabeto digital para posteriormente explicar algunas alternativas para cambiar esta situación.

¿Qué es el analfabetismo digital?

El tema sobre la alfabetización mundial ha sido ampliamente tratado por la UNESCO con más de 20 años de trayectoria. Si bien es cierto que los gobiernos se preocupan generalmente por mantener un nivel educativo óptimo en los sectores más precarios de sus poblaciones, los avances tecnológicos han hecho algunos “desórdenes” en la concepción que tenemos sobre el mundo y los demás.

Necesidades tecnológicas:

Actualmente leer y escribir siguen siendo actividades vitales para el desarrollo de cualquier ser humano. No obstante, también se han sumado las necesidades de comprensión tecnológicas como un punto de inflexión entre un tipo de persona contemporánea y otra del siglo pasado. La tecnología, sin querer, ha creado una brecha digital (que a su vez es una brecha generacional).

El primer grupo de individuos son todos aquellos a los que les resulta difícil hacer uso de los medios digitales y tecnológicos actuales; mientras que el segundo lo componen las personas que se han adaptado o nacieron en la revolución digital. Esta distinción “genera” tres clasificaciones de sujeto:

  • Nativo digital (aquellos nacidos de 1995 en adelante aproximadamente),
  • Migrante digital (personas que en la actualidad no poseen más de 60 años);
  • Analfabetas digitales (grupo de adultos mayores a los 60 años).

Por lo tanto, los analfabetos digitales son todos aquellos que interactúan con su entorno y desempeñan sus actividades cotidianas sin utilizar medios digitales por desinterés o falta de conocimiento técnico necesario para su manejo. Pero, aunque es un concepto mayormente utilizado para un grupo etario avanzado, es un peligro latente que puede acontecer también en los más chicos si no tenemos cuidado.

La digitalidad no hace al experto

Es cierto que los chicos de hoy día tienen una disposición casi “nativa” de utilizar los distintos dispositivos tecnológicos. Desde el teléfono inteligente hasta las computadoras, no parece haber barrera digital que se les presente a esta nueva generación del mañana ¿O sí las hay?

El contacto con la digitalidad (sea del tipo que sea) no garantiza que los estudiantes aprendan a utilizar todo el potencial de las TICs. Esto ocurre ya que los usos mayoritarios se centran en simples plataformas sociales o dedicadas al entretenimiento (Facebook, YouTube y cualquier red social que focalice un mercado objetivo). Si no se tiene una actitud activa, estas disposiciones que obtienen por el prolongado contacto con los dispositivos tecnológicos se pierde. Es más, puede llegar a ser un obstáculo al considerar que realmente “comprenden” lo que significa utilizar un determinado recurso. Viendo esta situación, la UNESCO colocó la lupa en una arista más específica sobre la necesidad de lograr la alfabetización global: que el mundo digital también sea una opción al alcance de todos.

Si necesitamos cambiar la cultura del “ahora” entonces es necesario enseñar cómo hacerlo.

Alfabetismo digital

¿Es una cuestión de cultura o de educación?

La respuesta es, sin duda, un tema de educación y ahora veremos porqué. Es válido pensar que el poco provecho sacado a las TICs por parte de las nuevas generaciones sea más una cuestión cultural. En ella, se considera que el mundo de la inmediatez y la premiación a la celeridad han alterado de forma contundente el esquema de valores de las distintas sociales (y de los jóvenes en particular).

¿Por qué pasar más tiempo investigando sobre un tema si los primeros resultados ya me dan lo que quiero?

Esta es la consideración esencial a la que se adhieren las personas que creen que no es un tema de experticia en el uso de las herramientas, sino un descuido en su manejo debido a la cultura del ahora y la gratificación de lo instantáneo. Pero de ser así ¿no significa igual que se necesitaría “educar” para cambiar esta cultura?

Si necesitamos cambiar la cultura del “ahora” entonces es necesario enseñar cómo hacerlo. Si por el contrario consideramos que es un tema de poco conocimiento utilitario sobre el correcto funcionamiento de las distintas TICs también debemos informar sobre cómo corregirlo. De lo contrario se repetirá el mismo ciclo una y otra vez. Por lo tanto, es imperativo educar a los jóvenes en el correcto manejo de las TICs y el discernimiento del contenido realmente útil frente a la información de calidad deficiente. Así evitaremos los peligros de la sobresaturación informativa.

Nuevas alternativas para derribar el Analfabetismo digital

Otras alternativas son la búsqueda y asesoramiento de programas educativos digitales que permitan desarrollar ejercicios prácticos sencillos que guíen el proceso de aprendizaje de los jóvenes. Pero vamos a guardar esa discusión para otro momento. Por ahora, necesitamos tener presente que el analfabetismo digital es real y no solo se manifiesta como una brecha generacional. También puede ser un punto diferenciador entre niños y adolescentes contemporáneos. De no abordar efectivamente este problema, estamos quitándoles la posibilidad a nuestros hijos de desarrollarse integralmente en el mundo del mañana.

^DS

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